martes, 18 de septiembre de 2012

No puedo renovar ni un poco



   Allá va todo yéndose. ¿Qué lo lleva? Ahora la maduración de saberme solo. Siempre lo estuve pero hace algún tiempo dejé de engañarme. Esa es la verdadera maduración y el verdadero crecer. Somos lo que no somos, y eso que somos está en completa soledad. De esa noción se puede entrar en el odio sistemático con una facilidad nada inquietante. La creación es abominablemente cruel, ¿cómo no serlo yo? Mis pares se podrán ir bien a la re puta mierda. Conquistaré el mundo, formaré un imperio, mataré aborígenes, me haré el nuevo Hittler de esta nueva era. De acá a veinte años, ya lo verán, tendré el planeta entero el mi sala de estar. Las mujeres se pelearán por practicarme sexo oral pero yo me negaré, ya estoy satisfecho sexualmente. No paré nunca de hacer el amor como si cada vez fuese la última. (Un día ya no pude, ya no quería, ya no necesitaba).
   Está lloviendo, hace un poco de frío. Mi perro se sienta a mi lado, está inquieto y parece perturbado. Escribo sin pensar, otra vez, y no me gusta lo que escribo, pero al menos lo hago  sin pensar. El automatismo necesario para la vida. Escribo y me vuelvo a sentir vivo, cuando no lo hago ese silencio literario me desmesura, me comisura, me todo tipo de suras. Lo que me pasa es la vida me dijeron lo más inteligentes. ¡Ajá! Quiero todo lo que no tengo, algunas cosas que tengo las mantendría, pero la mayoría no, casi ninguna. Después de eso estaría igual que ahora y quizá ni escribiría. Todo es negro pero la posibilidad de emblanquecerlo lo opaca aún más, lo ennegrece. Soy un poema que nunca escribiré y no hay con qué darle. Mis anhelos se reducen cada día más, ¿eso es la vida? Cuando era chico quería algo imposible sabiendo que era imposible, pero con cierta leve esperanza de lograrlo. Hoy no pienso en imposibles: maduración. Es tan triste ir cayendo a la deformación de mi propio ser que cuando al menos hay algo que me recuerda a mí suelto una sonrisa sintética, me avergüenzo felizmente, regocijo escondido de saber que si quisiera cometería cualquier propósito. Una vez me dije que tenía que sobresalir en todo lo que hiciera y cuando escribo me quedo acá, dentro del texto, cuando quiero ir más allá me siento tan típicamente humano, recónditamente vulgar.

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